Sinopsis
El distrito urbano de Madrid crece hacia el Norte siguiendo el Paseo de la Castellana y extendiéndose a los costados, mientras el Metro teje una red impresionante con sus once líneas y 150 estaciones que ya llegan hasta el aeropuerto de Barajas. A propósito, el subterráneo es el mejor amigo del viajero que quiere aprovechar su tiempo y no malgastar su dinero. Su sistema puede compararse con los de París o New York y lo digo como pasajero frecuente. Por supuesto que una cosa es la vida del residente y otra la del visitante. Se cruzan pero no se tocan aunque el propósito secreto de todo extranjero es «vivir como un nativo» y que no lo confundan con un turista. Lo que resulta imposible. Uno es lo que es y en España las cosas son netas.
Si quiere pasarla bien no se disfrace de nada porque Madrid es una fiesta a la que está invitado sin necesidad de ninguna contraseña. Con la enorme ventaja de hablar el mismo idioma. Hay palabras diferentes: no piden fósforos sino cerillas. En los restaurantes atienden camareros y les cae mal que uno pregunte por un mozo que es el que limpia las cuadras de los caballos. Y seguramente lector/lectora se divertirá cuando quiera tomar una mano y se la cojan porque para hacer el amor dicen hacer el amor o follar si están de liga, lo que sería equivalente al levante.