
Arquitectos Argentinos en el Mundo - Dialogos y Proyectos
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Sinopsis:Gracias a la secuencia de diálogos que los autores realizaron con este conjunto de creadores de la arquitectura internacional, el lector podrá encontrar el desarro-llo de temas que son tratados con muy poca frecuencia en la literatura sobre arte y que hacen al núcleo de la creación arquitectónica.
La confidencia del creador es una herramienta insustituible para la cabal comprensión de su idea generatriz y su proyecto. También los relatos autobiográficos ilustran una parte de la historia de la tradición funcionalista americana y europea del Mediterráneo.
El libro transcurre con un idioma que está al alcance no sólo de los arquitectos sino de todos los que aprecian y disfrutan el mundo de la ciudad y la arquitectura.
La segunda parte del libro desarrolla las obras y proyectos de las Colecciones 2005 y 2006 de Arquitectos Argentinos en el Mundo, y se comentan en esta edición. Casi todos estos proyectos son inéditos y constituyen una primicia para los lectores de habla castellana.
La confidencia del creador es una herramienta insustituible para la cabal comprensión de su idea generatriz y su proyecto. También los relatos autobiográficos ilustran una parte de la historia de la tradición funcionalista americana y europea del Mediterráneo.
El libro transcurre con un idioma que está al alcance no sólo de los arquitectos sino de todos los que aprecian y disfrutan el mundo de la ciudad y la arquitectura.
La segunda parte del libro desarrolla las obras y proyectos de las Colecciones 2005 y 2006 de Arquitectos Argentinos en el Mundo, y se comentan en esta edición. Casi todos estos proyectos son inéditos y constituyen una primicia para los lectores de habla castellana.
Indice de contenidos de este libro
Presentación
Daniel Casoy
Luis Grossman
Los diálogos
Emilio Ambasz
Mario Corea
César Pelli
Eduardo Elkouss
Carlos Prus
Ignacio Dahl Rocha
Juan Pfeifer
Eduardo Catalano
Rafael Viñoly
Indice onomástico
Los proyectos
Emilio Ambasz
Banco de Ojos
Torres Monumento
Mario Corea y Lluís Moran
Estadio de Atletismo
Hospital de Mollet
Pelli Clarke Pelli
Centro Connecticut
Centro Bok
Eduardo Elkouss
Museo del Vino
Centro Mosaico
Carlos Prus y Aharón Silberstein
Plaza del Mercado
Viviendas en Shai Agnon ......
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Indice de contenidos de este libro
Presentación
Daniel Casoy
Luis Grossman
Los diálogos
Emilio Ambasz
Mario Corea
César Pelli
Eduardo Elkouss
Carlos Prus
Ignacio Dahl Rocha
Juan Pfeifer
Eduardo Catalano
Rafael Viñoly
Indice onomástico
Los proyectos
Emilio Ambasz
Banco de Ojos
Torres Monumento
Mario Corea y Lluís Moran
Estadio de Atletismo
Hospital de Mollet
Pelli Clarke Pelli
Centro Connecticut
Centro Bok
Eduardo Elkouss
Museo del Vino
Centro Mosaico
Carlos Prus y Aharón Silberstein
Plaza del Mercado
Viviendas en Shai Agnon
Dahl Rocha y Richter
Museo de Lausana
Clínica La Prairie
Pfeifer, Zurdo, Di Clérico, Pfeifer y Qüesta
Marina Arauco Mall
Reforma Moraleja Green
Eduardo Catalano
Jardín de la Paz
Casa Raleigh
Rafael Viñoly
Escuela de Chicago
Museo Nasher
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COMENTARIO A LA PRESENTACION DEL LIBRO
"ARQUITECTOS ARGENTINOS EN EL MUNDO, DIALOGOS Y PROYECTOS / COLECCIÓN 2006"
de Luis Grossman y Daniel Casoy, Junio de 2006
Juan Manuel Borthagaray
No puedo comenzar esta presentación de otra manera que agradeciendo muy especialmente a los colegas Casoy y Grossman, agradeciendo por el honor que significa haberme distinguido con la invitación a presentar este magnífico libro, pero también por su labor de tantos años en los difíciles oficios de ilustrador y periodista de arquitectura. En Casoy saludo a un excepcional fotógrafo de arquitectura, oficio en el que he incursionado a lo largo de mi vida como docente, porque busqué crear un repertorio de imágenes para ilustrar mis clases, y sé por lo tanto, lo difícil que es captar los espacios de la forma en que Casoy lo hace. Pero merece aún otra felicitación, que se extiende a ambos editores, y es ......
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"ARQUITECTOS ARGENTINOS EN EL MUNDO, DIALOGOS Y PROYECTOS / COLECCIÓN 2006"
de Luis Grossman y Daniel Casoy, Junio de 2006
Juan Manuel Borthagaray
No puedo comenzar esta presentación de otra manera que agradeciendo muy especialmente a los colegas Casoy y Grossman, agradeciendo por el honor que significa haberme distinguido con la invitación a presentar este magnífico libro, pero también por su labor de tantos años en los difíciles oficios de ilustrador y periodista de arquitectura. En Casoy saludo a un excepcional fotógrafo de arquitectura, oficio en el que he incursionado a lo largo de mi vida como docente, porque busqué crear un repertorio de imágenes para ilustrar mis clases, y sé por lo tanto, lo difícil que es captar los espacios de la forma en que Casoy lo hace. Pero merece aún otra felicitación, que se extiende a ambos editores, y es ......
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COMENTARIO A LA PRESENTACION DEL LIBRO
"ARQUITECTOS ARGENTINOS EN EL MUNDO, DIALOGOS Y PROYECTOS / COLECCIÓN 2006"
de Luis Grossman y Daniel Casoy, Junio de 2006
Juan Manuel Borthagaray
No puedo comenzar esta presentación de otra manera que agradeciendo muy especialmente a los colegas Casoy y Grossman, agradeciendo por el honor que significa haberme distinguido con la invitación a presentar este magnífico libro, pero también por su labor de tantos años en los difíciles oficios de ilustrador y periodista de arquitectura. En Casoy saludo a un excepcional fotógrafo de arquitectura, oficio en el que he incursionado a lo largo de mi vida como docente, porque busqué crear un repertorio de imágenes para ilustrar mis clases, y sé por lo tanto, lo difícil que es captar los espacios de la forma en que Casoy lo hace. Pero merece aún otra felicitación, que se extiende a ambos editores, y es por el talento y mesura empleados en la selección del material, tan difíciles de ejercer frente a la riqueza de la producción de los colegas presentados. Todas las imágenes del libro son de excelente calidad, como lo es el libro en sí mismo, considerado como un todo. Es, sin duda, dentro de la excelencia alcanzada por el diseño gráfico en nuestro medio, todavía un más excelente testimonio.
Constituye la culminación, al día de hoy, de la serie de presentaciones acerca de arquitectos argentinos en el mundo, con la que nos vienen regalando. No me cabe ninguna duda acerca de la pertinencia de la selección, no sólo de los creadores, sino de las obras ilustradas. Gracias a esta invitación con la que me distinguieron, he tenido que recorrer sus páginas con una atención mayor que la de una lectura corriente, brete en el que les agradezco me hayan metido, pues me han dado la oportunidad no solamente de pasear por las obras, sino también de apreciar el oficio de los editores como entrevistadores, por la intensidad de los diálogos que provocaron, con su deseo de explorar el "lado oculto de la luna" de sus entrevistados. Casoy y Grossman nos ofrecen obras y palabras y no sólo de los monstruos sagrados de siempre, sino de esos dos colegas y compatriotas tan interesantes como lo son Elkouss, iniciador de Arquitectos Argentinos en el mundo, que ha podido ser fundador de ciudades en España, invirtiendo la corriente histórica, en el sitio de Torrevieja, cuyo Museo del Vino me parece una elección sumamente acertada, en cuanto al acompañamiento textual el libro dedica considerable extensión, refleja una preocupación compartida acerca de la accesibilidad, que va mucho más allá de las meras expresiones de deseos para tomar el carácter de una militancia, una ética, que nos llevan a evocar la dedicación al tema de nuestras colegas Amengual y Fabre. Y como Carlos Prus, cuyas obras en Jerusalén, con su socio Silberstein, me provocan una reflexión urbana, que no está directamente relacionada con sus obras, sino con el talento y firmeza de los responsables urbanísticos de la ciudad. Sí, porque si hay una ciudad, y un país, donde el espacio es un recurso crítico, estos son Israel y Jerusalén. Sin embargo, concientes de su responsabilidad, sus urbanistas han restringido la altura de fachada, aún en la Plaza del Mercado, sobre la calle Yafo, arteria principal del centro de la ciudad, a seis pisos, altura que nunca debieron haber pasado las edificaciones sobre las calles de nuestro casco céntrico de las, comparativamente, casi infinitas Buenos Aires y Argentina sí, por encima de la codicia, hubiese primado la voluntad de legrar un óptima proporción ancho-alto, y una iluminación y asoleamiento alegres.
El libro se abre con la presentación de Ambasz. Qué decir de este creador, cuyo valor completamente fuera de serie, lo sustrae a toda didáctica posible, y nos deja farfullando cosas que él consideraría tan cursis como talento o genio. Tuve la suerte de escuchar una conferencia, o actuación de showman, en una sala repleta del Once, donde acortó distancias tomándose en solfa, mediante un diálogo entre Emilio y Ambasz, donde ambos supuestos personajes se "cargaban" mutuamente. Sólo me cabe desear que nuestra famosa máquina de impedir no erija obstáculos tan altos que ni aún aquel que pudo cursar en un semestre los cuatro años del College de Princeton, y proponernos el mágico diedro de Andalucía, pueda sortear. Esperemos que no sea así, que se dé el raro caso de las conjunciones astronómicas que según Ambasz deben darse para que un edificio ocurra (Don Emilio sabe de dificultades) y que podamos disfrutar, en carne y hueso, de su edificio para nuestro Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Los autores del libro nos regalan con la alcaldía de Fukuoka y el Banco de Ojos de Venecia, dos nuevas ocasiones para el asombro de quienes no los conocíamos.
Mario Corea, con su pertinaz lealtad al Movimiento Moderno, y su credo de ciudad, función y construcción, está cabal y sobriamente presentado, y es un ejemplo didáctico de plena vigencia, con sus contenedores multifuncionales tanto en España como entre nosotros.
Pelli, el abuelo gigante, que ha alcanzado la felicidad de compartir la madurez creadora con su hijo, está soberbiamente representado con su Centro de Ciencias de Hartford, cuyo espacio interior es de una enorme riqueza, al que le cabrían los adjetivos de juguetón, o el aún más argentino de "chacotón", pero hasta el grado de de alcanzar una nueva dimensión caracterizadora. Pelli lo dice distinto: la encomienda tenía el encargo de que fuese un edificio exciting. Pelli interpretó este requerimiento (en sus propias palabras) "como algo que capture la imaginación a la distancia, que convenza con sólo su aspecto externo de que debe visitarse por dentro. Y que, al entrar, lo haga sentir lleno de vida, gozar de estar allí, de la luz, de la variedad de experiencias, de todas las cosas que hay en exhibición, que provoque interés en todos los aspectos de la ciencia que están siendo exhibidos" Cabe felicitar a los editores haber provocado esta expresión tan alegre y gozosa de la función principal del edificio. El libro refleja fielmente al profesor que hay siempre en Pelli cuando se cuida de afirmar que es racional, en cuanto a que las formas y los sistemas de construcción son lógicos y económicos, lo cual no priva a Pelli de definir al techo como una "alfombra mágica". Qué buena síntesis de responsabilidad y fantasía, que hace desear poder visitar esta obra, no construída en lo físico, pero sí casi tangible, a través de lo que transmiten las imágenes y las palabras contenidas en el libro. Por su parte, la gran espiral del Centro de Tulsa, demuestra un aprovechamiento magistral de un "partido" de enorme contundencia. Es necesario destacar, también, cómo los editores orientan el diálogo a indagar la relación profundamente humana y respetuosa de Pelli con sus colaboradores y su propio hijo.
La silueta de Buenos Aires cuenta con dos importantes aportes del maestro, que suele afirmar, cuando se le ponderan sus éxitos, que no es para tanto, pues tuvo la mejor formación posible, en la Universidad Nacional de Tucumán. Esos aportes son los edificios de Telefónica y del BankBoston, a los que, está anunciado, se sumará la torre sede de YPF en Puerto Madero. Los dos existentes llaman la atención desde el exterior, por sus volumetrías no convencionales y por tratamientos de su piel que no son los de curtain-walls de catálogo. La imagen que se ha difundido de la torre YPF permite anticipar que, a estos atributos, agregará un efecto nocturno singular. Pero quien se sienta atraído por ests señales exteriores y quiera entrar en ellos, no se encontrará con la experiencia gozosa que Pelli les depara en Hartford. El visitante puede entrar sólo hasta los halles de planta baja, donde se encuentra, sí, con una colección en exhibición, pero esta no es otra que el despliegue de tecnologías de seguridad propias de un aeropuerto, de una frontera. Pues no en otra cosa se han convertido estos espacios semipúblicos: una barrera de defensa frente a las amenazas del espacio público. Por supuesto que en esto ninguna responsabilidad cabe a los arquitectos, que han visto cómo estos requerimientos han pasado a formar parte corriente de los términos de su encomienda. Esta amarga reflexión se hace ineludible frente al deterioro de la convivencia en el espacio público que se ha acentuado no sólo aquí sino en el mundo entero, siendo la invasión del Congreso de Brasilia luego del destrozo de las puertas de cristal de sus halles de acceso, únicamente la más reciente y notoria exteriorización de esta crisis.
Dahl Rocha, con su socio Richter, "un suizo y un argentino, buena combinación" como tuvieron la suerte de que un cliente los definiese, están presentados con dos obras opuestas, el brutal prisma del Museo de Lausana, aunque tal vez lo más respetuoso que podía hacerse en ese particular sitio, y la difícil respuesta al desafío de agregar a La Prairie, una nueva ampliación, que resolvieron no con un nuevo edificio, sino con la construcción de un paisaje.
Pfeifer y Asociados nos ponen frente a una multinacional argentina de la arquitectura. Son continuadores de Juan Carlos López y Asociados. Juan Carlos fue uno de los más brillantes alumnos que tuve la suerte de tener en mi larga carrera docente. En el momento culminante de su producción argentina, era de buen tono entre colegas y críticos, darle escaso valor, opinión que nunca compartí. Opino que el "shopping" en el tejido consolidado de Buenos Aires no ha sido un aporte positivo, por su enorme efecto de succión que ha tendido a vaciar la calle, la vereda, de su tensión comercial. Pero por otra parte, me tocó ser testigo de cómo Bullrich, y Alto Palermo atraían público que se endomingaba y se trasladaba desde barrios lejanos para venir a consumir: espacio público. De esta capacidad de crear ciudad, y crear plaza, y centro, se florean Pfeifer y sus socios con su Centro Marina Arauco, donde logran un muy rico ejemplo de la sinergia que se aportan los usos múltiples que deseamos para nuestros centros urbanos, en las antípodas de las calles desiertas después de las cinco de la tarde de la city.
Los arquitectos devuelven cumplidamente el guante que les lanzan los editores en cuanto a su compromiso social, destacando su involucramiento en el conjunto de viviendas de la Cooperativa Piquetera de Parque Patricios.
La inclusión de Catalano en el libro es un merecido homenaje al maestro, cuyo Jardín de la Paz no era demasiado conocido entre nosotros . Hacen bien Grossman y Casoy en incluir el proyecto completo de la Ciudad Universitaria para la UBA, en Núñez. Como usuario de largo tiempo de uno de aquellos grandes contenedores, confieso que no pocas veces critiqué su carácter tan cerrado, sin contrapunto con alguna situación exterior. Sin embargo, con el correr de las décadas tuve que admirar su carácter indestructible, los pisos y acabados murarios hechos para resistir los embates a que nuestras multitudinarias universidades públicas están sometidas. Cabe una mención especial al gran hall central del Pabellón III, espacio de encuentro y despliegue de comunicación gráfica, que se fue ganando su rol como uno de los espacios más significativos de la UBA, tomando la posta de aquel querido patio de Ingeniería de la Manzana de las Luces, injustamente destruído a pesar de su carga histórica en la saga de nuestra mayor Universidad Pública. También me vi obligado a reconocer la flexibilidad a los múltiples cambios que sus estructuras de grandes luces y el acierto modular y dimensional ofrecieron y siguen ofreciendo, generosamente. Con generosidad comparable a la donación del maestro a la ciudad de Buenos Aires, concretada a través de varios millones de dólares de su fortuna personal, para concretar la poética floralis generica. El maestro me confió, una vez, que esta suma estuvo destinada, inicialmente, a la construcción de aquel Auditórium, del que Buenos Aires todavía carece, y al que él sigue considerando su mejor proyecto. Ante la incapacidad de la Ciudad para proveer un terreno adecuado, los millones fueron a pagar la escultura.
Buenos Aires se enriquece con el edificio del Consulado de los Estados Unidos, donde el autor demostró que con una paleta material y cromática de extrema austeridad, se pueden hacer cantar a las proporciones y a las luces y las sombras. Es oportuna la publicación en el libro del Centro de estudiantes del M.I.T., concebido en una veta similar. En cuanto al carácter de fortaleza que ha tomado últimamente el Consulado, es harina de otro costal.
Cierra el libro la presentación de obras de Rafael Viñoly, el único de estos arquitectos del mundo que no es argentino, y que, como Gardel, Leguisamo y La Cumparsita, nos rompe los esquemas.
Buenos Aires ha tenido mala suerte con Rafael, pues carecemos de un edificio digno de figurar en la antología de sus obras. Pues en lo que respecta al Museo de Puerto Madero, no se conocen fechas ciertas de su terminación e inauguración.
Pero este hecho desafortunado nada tiene que ver con el libro de Grossman y Casoy, que nos presentan un magistral edificio para la Universidad de Chicago, que contiene una caja de cristal de elegancia gótica, y que, junto con el Museo de Duke, se insertan cumplidamente en la antología de la producción del joven maestro.
Los editores nos dejan planteada la pregunta: "de este muy rico conjunto de obras y personalidades, ¿es posible deducir una "escuela argentina?" Opino, junto a los autores con su oportuna referencia a Borges, que es innecesario forzar una respuesta.
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"ARQUITECTOS ARGENTINOS EN EL MUNDO, DIALOGOS Y PROYECTOS / COLECCIÓN 2006"
de Luis Grossman y Daniel Casoy, Junio de 2006
Juan Manuel Borthagaray
No puedo comenzar esta presentación de otra manera que agradeciendo muy especialmente a los colegas Casoy y Grossman, agradeciendo por el honor que significa haberme distinguido con la invitación a presentar este magnífico libro, pero también por su labor de tantos años en los difíciles oficios de ilustrador y periodista de arquitectura. En Casoy saludo a un excepcional fotógrafo de arquitectura, oficio en el que he incursionado a lo largo de mi vida como docente, porque busqué crear un repertorio de imágenes para ilustrar mis clases, y sé por lo tanto, lo difícil que es captar los espacios de la forma en que Casoy lo hace. Pero merece aún otra felicitación, que se extiende a ambos editores, y es por el talento y mesura empleados en la selección del material, tan difíciles de ejercer frente a la riqueza de la producción de los colegas presentados. Todas las imágenes del libro son de excelente calidad, como lo es el libro en sí mismo, considerado como un todo. Es, sin duda, dentro de la excelencia alcanzada por el diseño gráfico en nuestro medio, todavía un más excelente testimonio.
Constituye la culminación, al día de hoy, de la serie de presentaciones acerca de arquitectos argentinos en el mundo, con la que nos vienen regalando. No me cabe ninguna duda acerca de la pertinencia de la selección, no sólo de los creadores, sino de las obras ilustradas. Gracias a esta invitación con la que me distinguieron, he tenido que recorrer sus páginas con una atención mayor que la de una lectura corriente, brete en el que les agradezco me hayan metido, pues me han dado la oportunidad no solamente de pasear por las obras, sino también de apreciar el oficio de los editores como entrevistadores, por la intensidad de los diálogos que provocaron, con su deseo de explorar el "lado oculto de la luna" de sus entrevistados. Casoy y Grossman nos ofrecen obras y palabras y no sólo de los monstruos sagrados de siempre, sino de esos dos colegas y compatriotas tan interesantes como lo son Elkouss, iniciador de Arquitectos Argentinos en el mundo, que ha podido ser fundador de ciudades en España, invirtiendo la corriente histórica, en el sitio de Torrevieja, cuyo Museo del Vino me parece una elección sumamente acertada, en cuanto al acompañamiento textual el libro dedica considerable extensión, refleja una preocupación compartida acerca de la accesibilidad, que va mucho más allá de las meras expresiones de deseos para tomar el carácter de una militancia, una ética, que nos llevan a evocar la dedicación al tema de nuestras colegas Amengual y Fabre. Y como Carlos Prus, cuyas obras en Jerusalén, con su socio Silberstein, me provocan una reflexión urbana, que no está directamente relacionada con sus obras, sino con el talento y firmeza de los responsables urbanísticos de la ciudad. Sí, porque si hay una ciudad, y un país, donde el espacio es un recurso crítico, estos son Israel y Jerusalén. Sin embargo, concientes de su responsabilidad, sus urbanistas han restringido la altura de fachada, aún en la Plaza del Mercado, sobre la calle Yafo, arteria principal del centro de la ciudad, a seis pisos, altura que nunca debieron haber pasado las edificaciones sobre las calles de nuestro casco céntrico de las, comparativamente, casi infinitas Buenos Aires y Argentina sí, por encima de la codicia, hubiese primado la voluntad de legrar un óptima proporción ancho-alto, y una iluminación y asoleamiento alegres.
El libro se abre con la presentación de Ambasz. Qué decir de este creador, cuyo valor completamente fuera de serie, lo sustrae a toda didáctica posible, y nos deja farfullando cosas que él consideraría tan cursis como talento o genio. Tuve la suerte de escuchar una conferencia, o actuación de showman, en una sala repleta del Once, donde acortó distancias tomándose en solfa, mediante un diálogo entre Emilio y Ambasz, donde ambos supuestos personajes se "cargaban" mutuamente. Sólo me cabe desear que nuestra famosa máquina de impedir no erija obstáculos tan altos que ni aún aquel que pudo cursar en un semestre los cuatro años del College de Princeton, y proponernos el mágico diedro de Andalucía, pueda sortear. Esperemos que no sea así, que se dé el raro caso de las conjunciones astronómicas que según Ambasz deben darse para que un edificio ocurra (Don Emilio sabe de dificultades) y que podamos disfrutar, en carne y hueso, de su edificio para nuestro Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Los autores del libro nos regalan con la alcaldía de Fukuoka y el Banco de Ojos de Venecia, dos nuevas ocasiones para el asombro de quienes no los conocíamos.
Mario Corea, con su pertinaz lealtad al Movimiento Moderno, y su credo de ciudad, función y construcción, está cabal y sobriamente presentado, y es un ejemplo didáctico de plena vigencia, con sus contenedores multifuncionales tanto en España como entre nosotros.
Pelli, el abuelo gigante, que ha alcanzado la felicidad de compartir la madurez creadora con su hijo, está soberbiamente representado con su Centro de Ciencias de Hartford, cuyo espacio interior es de una enorme riqueza, al que le cabrían los adjetivos de juguetón, o el aún más argentino de "chacotón", pero hasta el grado de de alcanzar una nueva dimensión caracterizadora. Pelli lo dice distinto: la encomienda tenía el encargo de que fuese un edificio exciting. Pelli interpretó este requerimiento (en sus propias palabras) "como algo que capture la imaginación a la distancia, que convenza con sólo su aspecto externo de que debe visitarse por dentro. Y que, al entrar, lo haga sentir lleno de vida, gozar de estar allí, de la luz, de la variedad de experiencias, de todas las cosas que hay en exhibición, que provoque interés en todos los aspectos de la ciencia que están siendo exhibidos" Cabe felicitar a los editores haber provocado esta expresión tan alegre y gozosa de la función principal del edificio. El libro refleja fielmente al profesor que hay siempre en Pelli cuando se cuida de afirmar que es racional, en cuanto a que las formas y los sistemas de construcción son lógicos y económicos, lo cual no priva a Pelli de definir al techo como una "alfombra mágica". Qué buena síntesis de responsabilidad y fantasía, que hace desear poder visitar esta obra, no construída en lo físico, pero sí casi tangible, a través de lo que transmiten las imágenes y las palabras contenidas en el libro. Por su parte, la gran espiral del Centro de Tulsa, demuestra un aprovechamiento magistral de un "partido" de enorme contundencia. Es necesario destacar, también, cómo los editores orientan el diálogo a indagar la relación profundamente humana y respetuosa de Pelli con sus colaboradores y su propio hijo.
La silueta de Buenos Aires cuenta con dos importantes aportes del maestro, que suele afirmar, cuando se le ponderan sus éxitos, que no es para tanto, pues tuvo la mejor formación posible, en la Universidad Nacional de Tucumán. Esos aportes son los edificios de Telefónica y del BankBoston, a los que, está anunciado, se sumará la torre sede de YPF en Puerto Madero. Los dos existentes llaman la atención desde el exterior, por sus volumetrías no convencionales y por tratamientos de su piel que no son los de curtain-walls de catálogo. La imagen que se ha difundido de la torre YPF permite anticipar que, a estos atributos, agregará un efecto nocturno singular. Pero quien se sienta atraído por ests señales exteriores y quiera entrar en ellos, no se encontrará con la experiencia gozosa que Pelli les depara en Hartford. El visitante puede entrar sólo hasta los halles de planta baja, donde se encuentra, sí, con una colección en exhibición, pero esta no es otra que el despliegue de tecnologías de seguridad propias de un aeropuerto, de una frontera. Pues no en otra cosa se han convertido estos espacios semipúblicos: una barrera de defensa frente a las amenazas del espacio público. Por supuesto que en esto ninguna responsabilidad cabe a los arquitectos, que han visto cómo estos requerimientos han pasado a formar parte corriente de los términos de su encomienda. Esta amarga reflexión se hace ineludible frente al deterioro de la convivencia en el espacio público que se ha acentuado no sólo aquí sino en el mundo entero, siendo la invasión del Congreso de Brasilia luego del destrozo de las puertas de cristal de sus halles de acceso, únicamente la más reciente y notoria exteriorización de esta crisis.
Dahl Rocha, con su socio Richter, "un suizo y un argentino, buena combinación" como tuvieron la suerte de que un cliente los definiese, están presentados con dos obras opuestas, el brutal prisma del Museo de Lausana, aunque tal vez lo más respetuoso que podía hacerse en ese particular sitio, y la difícil respuesta al desafío de agregar a La Prairie, una nueva ampliación, que resolvieron no con un nuevo edificio, sino con la construcción de un paisaje.
Pfeifer y Asociados nos ponen frente a una multinacional argentina de la arquitectura. Son continuadores de Juan Carlos López y Asociados. Juan Carlos fue uno de los más brillantes alumnos que tuve la suerte de tener en mi larga carrera docente. En el momento culminante de su producción argentina, era de buen tono entre colegas y críticos, darle escaso valor, opinión que nunca compartí. Opino que el "shopping" en el tejido consolidado de Buenos Aires no ha sido un aporte positivo, por su enorme efecto de succión que ha tendido a vaciar la calle, la vereda, de su tensión comercial. Pero por otra parte, me tocó ser testigo de cómo Bullrich, y Alto Palermo atraían público que se endomingaba y se trasladaba desde barrios lejanos para venir a consumir: espacio público. De esta capacidad de crear ciudad, y crear plaza, y centro, se florean Pfeifer y sus socios con su Centro Marina Arauco, donde logran un muy rico ejemplo de la sinergia que se aportan los usos múltiples que deseamos para nuestros centros urbanos, en las antípodas de las calles desiertas después de las cinco de la tarde de la city.
Los arquitectos devuelven cumplidamente el guante que les lanzan los editores en cuanto a su compromiso social, destacando su involucramiento en el conjunto de viviendas de la Cooperativa Piquetera de Parque Patricios.
La inclusión de Catalano en el libro es un merecido homenaje al maestro, cuyo Jardín de la Paz no era demasiado conocido entre nosotros . Hacen bien Grossman y Casoy en incluir el proyecto completo de la Ciudad Universitaria para la UBA, en Núñez. Como usuario de largo tiempo de uno de aquellos grandes contenedores, confieso que no pocas veces critiqué su carácter tan cerrado, sin contrapunto con alguna situación exterior. Sin embargo, con el correr de las décadas tuve que admirar su carácter indestructible, los pisos y acabados murarios hechos para resistir los embates a que nuestras multitudinarias universidades públicas están sometidas. Cabe una mención especial al gran hall central del Pabellón III, espacio de encuentro y despliegue de comunicación gráfica, que se fue ganando su rol como uno de los espacios más significativos de la UBA, tomando la posta de aquel querido patio de Ingeniería de la Manzana de las Luces, injustamente destruído a pesar de su carga histórica en la saga de nuestra mayor Universidad Pública. También me vi obligado a reconocer la flexibilidad a los múltiples cambios que sus estructuras de grandes luces y el acierto modular y dimensional ofrecieron y siguen ofreciendo, generosamente. Con generosidad comparable a la donación del maestro a la ciudad de Buenos Aires, concretada a través de varios millones de dólares de su fortuna personal, para concretar la poética floralis generica. El maestro me confió, una vez, que esta suma estuvo destinada, inicialmente, a la construcción de aquel Auditórium, del que Buenos Aires todavía carece, y al que él sigue considerando su mejor proyecto. Ante la incapacidad de la Ciudad para proveer un terreno adecuado, los millones fueron a pagar la escultura.
Buenos Aires se enriquece con el edificio del Consulado de los Estados Unidos, donde el autor demostró que con una paleta material y cromática de extrema austeridad, se pueden hacer cantar a las proporciones y a las luces y las sombras. Es oportuna la publicación en el libro del Centro de estudiantes del M.I.T., concebido en una veta similar. En cuanto al carácter de fortaleza que ha tomado últimamente el Consulado, es harina de otro costal.
Cierra el libro la presentación de obras de Rafael Viñoly, el único de estos arquitectos del mundo que no es argentino, y que, como Gardel, Leguisamo y La Cumparsita, nos rompe los esquemas.
Buenos Aires ha tenido mala suerte con Rafael, pues carecemos de un edificio digno de figurar en la antología de sus obras. Pues en lo que respecta al Museo de Puerto Madero, no se conocen fechas ciertas de su terminación e inauguración.
Pero este hecho desafortunado nada tiene que ver con el libro de Grossman y Casoy, que nos presentan un magistral edificio para la Universidad de Chicago, que contiene una caja de cristal de elegancia gótica, y que, junto con el Museo de Duke, se insertan cumplidamente en la antología de la producción del joven maestro.
Los editores nos dejan planteada la pregunta: "de este muy rico conjunto de obras y personalidades, ¿es posible deducir una "escuela argentina?" Opino, junto a los autores con su oportuna referencia a Borges, que es innecesario forzar una respuesta.
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Luis Jacobo Grossman (Buenos Aires, 1932). Se graduó en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA, la que, por su promedio en la carrera, lo becó con un viaje de estudios a Brasil en 1956. Fue profesor titular de Diseño Arquitectónico en la FAU-UBA (1972-1997) y director del departamento de Arquitectura de la misma facultad. Con la firma Luis & Julio Grossman, hasta 1997, realizó proyectos y obras. Junto al Arq. Laureano Forero es autor del Centro Municipal Distrito Centro de Rosario (provincia de Santa Fe, Argentina) inaugurado en 2005. Asistió como disertante a congresos internacionales en Chicago, Barcelona, Pekín, Torrevieja, París y Venecia. Dictó conferencias en casi todas las provincias argentinas. Fue jurado de concursos nacionales e internacionales. Fue, por más de 30 años, asesor y columnista del suplemento Arquitectura del diario La Nación, de Buenos Aires. Publicó Arquitextos (Ed. Infinito / La Nación, 2003), Peralta Ramos en la arquitectura (Ed. Infinito, 2006) y, con Daniel O. Casoy, Arquitectos made in Argentina (Ed. AAM, 2004), Arquitectos argentinos en el mundo (Photon Press, 2006), Arquitectos argentinos for export (Photon Press, 2008) y Arquitectos argentinos universales (Photon Press, 2010). Es Director General del Casco Histórico de la ciudad de Buenos Aires.
Daniel Osvaldo Casoy (Buenos Aires 1951). Se graduó en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA en 1974. Publicó el cuaderno Las raíces calientes (1969). Diseñó el Edificio Rojo (R. Árabe Siria 3166, Buenos Aires) junto con el Arq. E. Bekinschtein (1975). En 1978 emigró a São Paulo y trabajó para el Arq. Joaquim Guedes en el proyecto de Caraiba. De regreso a su país colaboró con el Arq. Clorindo Testa en la obra Simuladores de vuelo de Aerolíneas Argentinas (1980-1984). Desde 1982 presenta Topologías para Buenos Aires. En 1985 regresó a Brasil, y residió en Río de Janeiro hasta 1993; allí trabajó con el Arq. Luiz Paulo Conde en el proyecto del campus de la Uni-Rio y en el registro fotográfico de obras de arquitectura. En 1994 establece su firma Photon Press Argentina en Buenos Aires. Fue (1994-1999) cronista y fotógrafo del suplemento Arquitectura del diario La Nación. Produjo y editó, junto a Luis J. Grossman, las muestras Arquitectos Argentinos en el Mundo en Batimat Expovivienda (2003-2010) y con él es autor de los libros Arquitectos made in Argentina, Arquitectos argentinos en el mundo, Arquitectos argentinos for export y Arquitectos argentinos universales. Es autor de Saudades de Buenos Aires Nostalgia for Buenos Aires (Editorial Photon Press, Buenos Aires, 2007).
Daniel Osvaldo Casoy (Buenos Aires 1951). Se graduó en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA en 1974. Publicó el cuaderno Las raíces calientes (1969). Diseñó el Edificio Rojo (R. Árabe Siria 3166, Buenos Aires) junto con el Arq. E. Bekinschtein (1975). En 1978 emigró a São Paulo y trabajó para el Arq. Joaquim Guedes en el proyecto de Caraiba. De regreso a su país colaboró con el Arq. Clorindo Testa en la obra Simuladores de vuelo de Aerolíneas Argentinas (1980-1984). Desde 1982 presenta Topologías para Buenos Aires. En 1985 regresó a Brasil, y residió en Río de Janeiro hasta 1993; allí trabajó con el Arq. Luiz Paulo Conde en el proyecto del campus de la Uni-Rio y en el registro fotográfico de obras de arquitectura. En 1994 establece su firma Photon Press Argentina en Buenos Aires. Fue (1994-1999) cronista y fotógrafo del suplemento Arquitectura del diario La Nación. Produjo y editó, junto a Luis J. Grossman, las muestras Arquitectos Argentinos en el Mundo en Batimat Expovivienda (2003-2010) y con él es autor de los libros Arquitectos made in Argentina, Arquitectos argentinos en el mundo, Arquitectos argentinos for export y Arquitectos argentinos universales. Es autor de Saudades de Buenos Aires Nostalgia for Buenos Aires (Editorial Photon Press, Buenos Aires, 2007).
