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ISBN: 9789500729291
Editorial: Sudamericana
Clasificación: Derecho y Ciencias Sociales
Páginas: 192
Publicación: Abril 2008 | Idioma: Español
Formato: Rústica
Peso: 229,0 grs
Medidas: 217,0 mm x 150,0 mm x 10,0 mm
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*Salida habitual del deposito en 48 horas
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| PRECIO $ 32,00.- | U$S 10,03.- | € 7,33.- |
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La Marcha Peronista - Jorge Llistosella
Solapa Jorge Llistosella es un viejo periodista que ha trabajado para todos los medios gráficos reconocidos de los últimos 40 años, desde La Opinión hasta Clarín y Página 12.
Contratapa Oscar Ivanissevich, el médico cirujano que fue embajador en Estados Unidos y ministro durante las Presidencias de Juan Domingo Perón y de María Estela Martínez de Perón, se atribuyó falsamente la autoría de Los Muchachos Peronistas. Utilizó la técnica de contar apenas una parte de la verdad, método con el que frecuentemente se ha dado por ciertas notables mentiras. Sorprende que los argentinos, tan afectos a rastrear algunos tramos de su pasado, no hubieran decidido conocer seriamente cuál es el origen de la marcha que le agregó ceremonial y fervores a un movimiento político multitudinario. Esta marcha nació musicalmente 18 años antes que el propio Partido Justicialista. Tuvo un propósito menor y ajeno a los principios sociales que Perón ha establecido. Su letra inicial no apuntaba a los muchachos peronistas sino, modestamente, a una niña bonita. Su ritmo murguero sería marcializado 21 años más tarde, en 1949, por decisión de un cantor magnífico que le dio voz a la versión insuperable. Para que aquella marchita de cuatro notas locas (definición del propio compositor) evolucionara hasta su destino final debieron ocurrir hechos curiosos y hasta algunos ilícitos. Eva Perón tuvo mucho que ver con la metamorfosis, y en estas páginas da fe de su participación un hombre que estuvo con ella cuando Evita resolvió la cuestión. Sobre el final, como en una comedia de enredos, irán apareciendo quiénes fueron los autores de la letra y de la música de Los Muchachos Peronistas, incógnitas hasta hoy no develadas. Ninguno de ellos ganó un peso por su obra. Literalmente, ni uno. Les ha quedado la gloria.
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