
La Alemana
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Sinopsis:Todos saben en el barrio que las llamadas no sirven para nada, que son un invento para transar y curtir y robar guita dándoles estampitas a los turistas, a los universitarios, a los ex comunistas que curran de publicistas, a las nenitas de la Católica, a los cantantes populares. Las llamadas, ese desfile carnavalero que hacen los negros una vez por año con el verso de las raíces africanas, de los tambores, del candombe. Ese verso que compran los turistas, la MTV, los estudiantes, el museo del carnaval. Todos sabemos, también, que el Seba es el menos afín a cualquier tipo de manifestación popular. Solamente el fútbol le gusta, pero por televisión, con replay, cámara lenta, Telebean, Macaya Márquez. Fue el primero del barrio en tener Premium, pero lo mandó sacar después del tercer partido que le cayó todo el barrio por la casa. Parecía la publicidad de Coca-Cola. Como el tipo es así, raro, callado, no entendimos nada el último febrero que pasó con nosotros, cuando se apareció recopado con las llamadas. Y con la Alemana correteándole atrás, como esas estudiantes de comunicación que se ponen contentas cuando un videísta deja que le lleven la cámara. La pareja más rara de la Tierra, el Sistema Solar y la Vía Láctea. Los tipos nunca se ríen de nada. Pero esa tarde parecían de tripa o algo por el estilo. Saltaban y se cagaban de la risa por cualquier estupidez. ¿Bueno, viejas, esta noche salimos atrás de Tronar de Tambores.¿¿Qué te pasa, Seba? Vos con las llamadas nunca estuviste ni ahí. Al contrario, te calienta que te vengan a invadir el barrio. «Se llena de turistas», decía. «Parece el carnaval de Río», remataba, como si alguna vez hubiese pisado el Sambódromo. Desaparecía. Se encerraba solo. Esperaba la vuelta a la normalidad. Esa noche no.
Book Trailers - Entevista al autor
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Entrevista a Gustavo Escanlar
Por Darío Wainer (Tematika.com)
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DW
Mientras leía La Alemana, muy enganchado con el tono, pensaba si se sostendría hasta el final. ¿Fue un problema mantener el tono, encontrarlo, recuperarlo?
Mientras leía La Alemana, muy enganchado con el tono, pensaba si se sostendría hasta el final. ¿Fue un problema mantener el tono, encontrarlo, recuperarlo?
GE
Fue un problema, sobre todo por mi método de trabajo, bastante anárquico y desordenado. Cada vez que volvía sobre lo escrito, empezaba siempre e inevitablemente desde el principio. con lo cual tenía miedo que el principio del relato quedara 'sobreescrito' y el final más descuidado. Así que tuve que generar sesiones de corrección larguísimas, que incluyeran la corrección de un solo tiro desde el principio hasta el final del ......
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Fue un problema, sobre todo por mi método de trabajo, bastante anárquico y desordenado. Cada vez que volvía sobre lo escrito, empezaba siempre e inevitablemente desde el principio. con lo cual tenía miedo que el principio del relato quedara 'sobreescrito' y el final más descuidado. Así que tuve que generar sesiones de corrección larguísimas, que incluyeran la corrección de un solo tiro desde el principio hasta el final del ......
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Entrevista a Gustavo Escanlar
Por Darío Wainer (Tematika.com)
Publicado en "El Blog de Tematika.com"
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Por Darío Wainer (Tematika.com)
DW
Mientras leía La Alemana, muy enganchado con el tono, pensaba si se sostendría hasta el final. ¿Fue un problema mantener el tono, encontrarlo, recuperarlo?
Mientras leía La Alemana, muy enganchado con el tono, pensaba si se sostendría hasta el final. ¿Fue un problema mantener el tono, encontrarlo, recuperarlo?
GE
Fue un problema, sobre todo por mi método de trabajo, bastante anárquico y desordenado. Cada vez que volvía sobre lo escrito, empezaba siempre e inevitablemente desde el principio. con lo cual tenía miedo que el principio del relato quedara 'sobreescrito' y el final más descuidado. Así que tuve que generar sesiones de corrección larguísimas, que incluyeran la corrección de un solo tiro desde el principio hasta el final del relato. Por suerte es bastante corto. En cuanto al tono general no, eso no fue tan problemático. Conozco a esos personajes desde hace mucho tiempo, sé quiénes son, cómo se visten, cómo hablan y cómo reaccionan. Y conozco muy bien las calles que transitan, las calles en que se desarrolla el relato. Me resulta fácil, por lo tanto, hablar de ellos y de sus peripecias. Son parte de mi código genético.
Fue un problema, sobre todo por mi método de trabajo, bastante anárquico y desordenado. Cada vez que volvía sobre lo escrito, empezaba siempre e inevitablemente desde el principio. con lo cual tenía miedo que el principio del relato quedara 'sobreescrito' y el final más descuidado. Así que tuve que generar sesiones de corrección larguísimas, que incluyeran la corrección de un solo tiro desde el principio hasta el final del relato. Por suerte es bastante corto. En cuanto al tono general no, eso no fue tan problemático. Conozco a esos personajes desde hace mucho tiempo, sé quiénes son, cómo se visten, cómo hablan y cómo reaccionan. Y conozco muy bien las calles que transitan, las calles en que se desarrolla el relato. Me resulta fácil, por lo tanto, hablar de ellos y de sus peripecias. Son parte de mi código genético.
DW
¿Te gusta pensar en los géneros, y especialmente en la nouvelle, como desafíos formales con reglas y restricciones así como un poeta encara un soneto? Y las obras maestras de nouvelle, Los Adioses de Onetti, Otra vuelta de Tuerca de Henry James, ¿te enseñaron algo?
¿Te gusta pensar en los géneros, y especialmente en la nouvelle, como desafíos formales con reglas y restricciones así como un poeta encara un soneto? Y las obras maestras de nouvelle, Los Adioses de Onetti, Otra vuelta de Tuerca de Henry James, ¿te enseñaron algo?
GE
En general no pienso en géneros, las cosas salen como salen. Es más, me gusta pensar en La alemana como parte de un proyecto de aliento más largo, que incluiría también mi otra nouvelle, Estokolmo, y algún otro relato con los mismos personajes y en los mismos lugares. No creo en las restricciones formales a priori al estilo Perec o Maslíah. Es verdad que tanto en la vida como en la literatura trato de hablar bastante poco y de dejar que las cosas se produzcan con la menor cantidad posible de palabras. También es cierto que Onetti y Levrero son maestros en este tipo de relatos. La escena inicial de El pozo, con el protagonista oliéndose los sobacos, es genial y repulsiva, aun hoy, para una sociedad uruguaya demasiado habituada al desodorante benedettiano. Pero me aportó más respecto a los climas y los personajes que en el aspecto formal.
En general no pienso en géneros, las cosas salen como salen. Es más, me gusta pensar en La alemana como parte de un proyecto de aliento más largo, que incluiría también mi otra nouvelle, Estokolmo, y algún otro relato con los mismos personajes y en los mismos lugares. No creo en las restricciones formales a priori al estilo Perec o Maslíah. Es verdad que tanto en la vida como en la literatura trato de hablar bastante poco y de dejar que las cosas se produzcan con la menor cantidad posible de palabras. También es cierto que Onetti y Levrero son maestros en este tipo de relatos. La escena inicial de El pozo, con el protagonista oliéndose los sobacos, es genial y repulsiva, aun hoy, para una sociedad uruguaya demasiado habituada al desodorante benedettiano. Pero me aportó más respecto a los climas y los personajes que en el aspecto formal.
DW
¿Podrías autobiografiarte en 10 líneas?
¿Podrías autobiografiarte en 10 líneas?
GE
Nací el 18 de mayo de 1962. Soy hijo único. Soy asmático. Estudié en escuela y liceo católicos y por eso odio a los curas en particular y a la iglesia en general. Me crié en el barrio Palermo. Si sos montevideano, sabés de lo que hablo. Es el barrio de los negros, del candombe y las llamadas. Odio el candombe fuera de Palermo. Es el barrio de los códigos. Tenés que visitarlo. Mi padre era español y mi madre es criolla. Cuando fui a visitar su pueblo natal, donde viven actualmente nueve personas, sus compañeros de infancia me abrazaban y se llamaban unos a otros diciendo 'llegó el hijo de Demetrio! llegó el hijo de Demetrio!". Estudié medicina, psicología y literatura. No terminé nada. Publiqué siete libros y miles de artículos periodísticos. Trabajé -y trabajo- en prensa escrita, radio y televisión. Muchos me aman. Muchos me odian. Hay quien quiere pegarme cuando se cruza conmigo por la calle. No sé manejar autos ni motos. Consumo de todo, pero lo que me hace más feliz es el consumo de cine, música, literatura y mujeres. Hace unos años me casé. Y a los nueve meses, exactos, nació Violeta. Bueno, eso. Fueron nueve líneas. Me reservo una para el futuro.
Nací el 18 de mayo de 1962. Soy hijo único. Soy asmático. Estudié en escuela y liceo católicos y por eso odio a los curas en particular y a la iglesia en general. Me crié en el barrio Palermo. Si sos montevideano, sabés de lo que hablo. Es el barrio de los negros, del candombe y las llamadas. Odio el candombe fuera de Palermo. Es el barrio de los códigos. Tenés que visitarlo. Mi padre era español y mi madre es criolla. Cuando fui a visitar su pueblo natal, donde viven actualmente nueve personas, sus compañeros de infancia me abrazaban y se llamaban unos a otros diciendo 'llegó el hijo de Demetrio! llegó el hijo de Demetrio!". Estudié medicina, psicología y literatura. No terminé nada. Publiqué siete libros y miles de artículos periodísticos. Trabajé -y trabajo- en prensa escrita, radio y televisión. Muchos me aman. Muchos me odian. Hay quien quiere pegarme cuando se cruza conmigo por la calle. No sé manejar autos ni motos. Consumo de todo, pero lo que me hace más feliz es el consumo de cine, música, literatura y mujeres. Hace unos años me casé. Y a los nueve meses, exactos, nació Violeta. Bueno, eso. Fueron nueve líneas. Me reservo una para el futuro.
Publicado en "El Blog de Tematika.com"
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