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Vinos de Argentina - Augusto Foix-Gustavo Choren
Sinopsis Cuando decimos que algo tiene estilo, queremos significar que tiene personalidad, que es único. Un vino con estilo es aquel que se reconoce por su singularidad, por su carácter individual que no deja dudas acera de quién lo hizo y en qué lugar. Para un consumidor global bien informado existe un estilo inconfundible, caracterizado por el color intenso, la nitidez de los aromas y la concentración del sabor frutado. "Es del Nuevo Mundo", dirá siempre quien lo bebe, ya que la última década del siglo XX fue testigo de una verdadera revolución enológica encabezada por los países vitivinícolas no europeos, que lograron imponer la idea del vino joven, potente y fresco, fácil de tomar y de entender. El estilo del Nuevo Mundo logró hacer más accesible el vino a millones de consumidores, cansados del perfil elitista y anticuado de los caldos europeos más prestigiosos. Así, cada vez más sólido, este bloque de países renovadores parece liderar las preferencias del mercado mundial de vinos. Y en él, como representante arquetípico, está la Argentina.
Pero ese mismo mercado crece y se modifica a una velocidad vertiginosa. Ya no basta solamente con ser un país "del Nuevo Mundo". Ello no asegura prestigio ni genera oportunidades. Es necesario poseer condiciones realmente especiales, imposibles de reproducir fuera del propio territorio. Frente a esa coyuntura nuestro país tiene, delante suyo y ahora mismo, una oportunidad de oro. El carácter de sus vinos está marcado a fuego por su geografía, por la altura de sus viñedos, por la amplitud de sus valles, por la claridad de sus cielos. Tal vez tengan, sí, rasgos semejantes a los demás vinos de Nuevo Mundo. Pero van más allá de eso: tienen sutilezas propias, virtudes únicas, sabores a terruño. Todo eso constituye la mejor manera de diferenciarse. Porque el vino argentino es, entre otras cosas, imposible de imitar.
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