
Documentos de Identidad
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Sinopsis:La construcción de la memoria histórica y la identidad nacional se presenta como un problema inquietante en las sociedades actuales. ¿Cómo recordar el pasado reciente? ¿Cómo dar credibilidad y sentido a narrativas tradicionales que explican el origen de las naciones y las comunidades? ¿Qué vigencia poseen en un proceso creciente de globalización? Sin duda en la construcción de la memoria colectiva desempeña un papel fundamental la historia escolar, en la medida en que siembra sus contenidos justamente durante la infancia y la adolescencia, períodos críticos en los que la semilla identitaria cobra verdadero arraigo. Este libro, resultado de años de investigación, analiza cómo la enseñanza de la historia en la escuela resulta ser mucho más que la impartición de un contenido escolar y estudia su situación en países tan diversos como la Argentina, México, Alemania, España, Estados Unidos y Japón, estableciendo comparaciones y conclusiones globales.
Mario Carretero es catedrático de Psicología Cognitiva de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador de la Flacso (Argentina). Ha investigado ampliamente sobre las relaciones entre el desarrollo cognitivo y el aprendizaje escolar en el área de las ciencias sociales y la historia. Entre sus numerosas obras ha publicado en Paidós Documentos de identidad. La construcción de la memoria histórica en un mundo global (2007), traducida al inglés y al portugués, y Enseñanza de la historia y memoria colectiva (2006).
Entrevista a Mario Carretero
Por Darío Wainer (Tematika.com)
Por Darío Wainer (Tematika.com)
-En la Argentina asistimos en la última década a una proliferación de narrativas sobre la Historia local (lo que vos llamas Historia Cotidiana o Popular) que produce controversias. Para la industria editorial y el entretenimiento cultural, se trata de un boom comercial que merece ser apoyado y continuado mientras que para los historiadores académicos se trata de una simplificación que empobrece a la historia como disciplina. ¿Existe alguna relación -y en ese caso cómo explicarla- entre la globalización y el resurgimiento de un interés en la Historia nacional desplegado como entretenimiento narrativo?
-Justamente en mi libro muestro como hoy día hay un auge en todo el mundo de este interés por las narrativas históricas. Incluyo de ......
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Entrevista a Mario Carretero
Por Darío Wainer (Tematika.com)
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Por Darío Wainer (Tematika.com)
-En la Argentina asistimos en la última década a una proliferación de narrativas sobre la Historia local (lo que vos llamas Historia Cotidiana o Popular) que produce controversias. Para la industria editorial y el entretenimiento cultural, se trata de un boom comercial que merece ser apoyado y continuado mientras que para los historiadores académicos se trata de una simplificación que empobrece a la historia como disciplina. ¿Existe alguna relación -y en ese caso cómo explicarla- entre la globalización y el resurgimiento de un interés en la Historia nacional desplegado como entretenimiento narrativo?
-Justamente en mi libro muestro como hoy día hay un auge en todo el mundo de este interés por las narrativas históricas. Incluyo de hecho en la p. ---- la polémica que usted menciona en su pregunta. Puede verse este interés no sólo en la proliferación de los libros de historia (más popular o más académica) sino en otros productos culturales como las novelas históricas o los films históricos. Me parece que es una muestra más de la búsqueda de la identidad nacional o cultural que se produce como reacción a las consecuencias de la globalización. Es decir, esta última lleva a una homogeneización de identidades y entonces se produce un movimiento reactivo de afianzamiento de identidades "locales". En el caso argentino, creo que hay una causa también que tiene que ver con la crisis del 2001, que sin duda sacudió la configuración de la identidad argentina, que trata de buscar en una nueva lectura del pasado un sentido para el futuro. Todo ello muestra que la historia posee un alto contenido identitario, tanto en la escuela como fuera de ella. De ese contenido identitario no es fácil desprenderse, por más académica que sea la historia que se produzca, creo, y tampoco tiene sentido que la escuela abandone dicha función identitaria de los contenidos históricos, pero lo que sí tendría sentido es que podamos repensar qué tipo de historia enseñamos en la escuela y cual es su mejor funcionalidad para el futuro en el que tendrán que vivir las generaciones venideras. Es decir, en el caso de argentina ( y de otros países) pienso que habría que introducir una historia más basada en las regiones (latinoamericanas) y no sólo nacionales, porque ese sujeto (Latinoamérica) va a ser el sujeto histórico en las próximas décadas en forma de entidades políticas (MERCOSUR o lo que fuere) que supongan mayor integración, cohesión y cooperación. También creo que tiene sentido pensar en una enseñanza de la historia que permita entender las transformaciones sociales del pasado de una manera compleja, debidas a factores políticos, económicos, etc., y no sólo obra de héroes casi sobrenaturales. Por último, creo que sería preciso acercar las problemáticas de la ciudadanía y sus derechos y deberes a los contenidos históricos.
-Justamente en mi libro muestro como hoy día hay un auge en todo el mundo de este interés por las narrativas históricas. Incluyo de hecho en la p. ---- la polémica que usted menciona en su pregunta. Puede verse este interés no sólo en la proliferación de los libros de historia (más popular o más académica) sino en otros productos culturales como las novelas históricas o los films históricos. Me parece que es una muestra más de la búsqueda de la identidad nacional o cultural que se produce como reacción a las consecuencias de la globalización. Es decir, esta última lleva a una homogeneización de identidades y entonces se produce un movimiento reactivo de afianzamiento de identidades "locales". En el caso argentino, creo que hay una causa también que tiene que ver con la crisis del 2001, que sin duda sacudió la configuración de la identidad argentina, que trata de buscar en una nueva lectura del pasado un sentido para el futuro. Todo ello muestra que la historia posee un alto contenido identitario, tanto en la escuela como fuera de ella. De ese contenido identitario no es fácil desprenderse, por más académica que sea la historia que se produzca, creo, y tampoco tiene sentido que la escuela abandone dicha función identitaria de los contenidos históricos, pero lo que sí tendría sentido es que podamos repensar qué tipo de historia enseñamos en la escuela y cual es su mejor funcionalidad para el futuro en el que tendrán que vivir las generaciones venideras. Es decir, en el caso de argentina ( y de otros países) pienso que habría que introducir una historia más basada en las regiones (latinoamericanas) y no sólo nacionales, porque ese sujeto (Latinoamérica) va a ser el sujeto histórico en las próximas décadas en forma de entidades políticas (MERCOSUR o lo que fuere) que supongan mayor integración, cohesión y cooperación. También creo que tiene sentido pensar en una enseñanza de la historia que permita entender las transformaciones sociales del pasado de una manera compleja, debidas a factores políticos, económicos, etc., y no sólo obra de héroes casi sobrenaturales. Por último, creo que sería preciso acercar las problemáticas de la ciudadanía y sus derechos y deberes a los contenidos históricos.
-¿Si seguimos enfocados en el fenómeno de la Globalización y sus consecuencias en la debilitación de las identidades nacionales, cuál es para vos el horizonte de la enseñanza escolar de la Historia en este contexto futuro? ¿Será la escuela un bastión que funcionará como reaseguro de una identidad local en crisis o será el lugar en el que pueda procesarse y discutirse más ampliamente dicha crisis?
-En la línea que expresaba anteriormente, creo que lo que tiene sentido (pero obviamente esto es una cuestión que debe ser discutida en todos los ámbitos de la sociedad) es que la escuela no se convierta en un bastión de resistencia porque eso no tiene mucho futuro, sino que permita comprender el pasado de forma compleja (como de hecho hace la disciplina historiográfica) y establecer puentes reflexivos entre pasado, presente y futuro. Por otro lado, y esto lo afirmo más en mi papel de investigador de los fenómenos de aprendizaje escolar, es preciso que la escuela prepare para el pensamiento crítico y la comprensión profunda de los ámbitos sociales e históricos. En mi libro sostengo, y esta es la tesis fundamental del libro, que la enseñanza de la historia se debate en una contradicción entre los objetivos románticos o identitarios (que son los tradicionales, ligados a las efemérides, etc.) y los ilustrados (que son los ligados al conocimiento profundo y disciplinar y al desarrollo del pensamiento crítico). Creo que los primeros ya están bastantes presentes en la escuela (lo cual no quiere decir que no haya que repensarlos, por ejemplo, impulsando unas efemérides más modernas y actuales); lo que sobre todo hace falta es impulsar los segundos, los ilustrados. Es decir, no creo que haya que sustituir unos héroes por otros (o tratar de recuperar el "verdadero" sentido de determinados héroes; es casi imposible saber cual es lo "verdadero" en la historia), sino más bien hacer ver que la comprensión del pasado es un asunto complejo, donde es preciso entender cuestiones en las que interactúan muchas variables políticas, económicas, sociales, etc., y donde las explicaciones fructíferas no son sólo las del sentido común (la mayoría de las veces al servicio exclusivo de los intereses de las naciones y procedentes de la mera ideología en el sentido criticable de la palabra), sino otras mas contraintuitivas, justamente porque son científicas o académicas.
Efectivamente, para procesar y discutir la crisis actual del mundo, y no sólo de cada nación, es preciso por otro lado que cada sociedad nacional pueda ejercer una cierta autocrítica sobre su pasado, su presente y su futuro. Y esto tiene que ver con el interés actual en todo el mundo por la memoria colectiva, también llamada memoria histórica (en España se acaba de aprobar una Ley de Memoria Histórica). Algunos pensadores han señalado que hay un exceso de memoria en nuestras sociedades. Yo pienso que no, que todo lo contrario, que es preciso recordar mas y mejor. Lo que sucede es que la memoria nos lleva a un ejercicio que supone un ataque a nuestro narcisismo como miembros de una determinada comunidad, cuando tenemos que recordar cuestiones que suponen contraejemplos para nuestras posiciones teóricas sobre el mundo social e histórico. Pondré un ejemplo: desde una perspectiva de izquierda, cuando recordamos los crímenes de los regímenes de derechas (el Holocausto sin duda es paradigmático), deberíamos recordar también los crímenes de las purgas estalinistas, porque aunque la izquierda y la derecha no sean lo mismo, sin duda se cometieron crímenes en nombre de ambas. Sin duda, todo eso es molesto, contradictorio, problemático, pero también necesario para generar una representación de pasado que sea objetivada. Y para que la memoria colectiva o histórica se acerque a la Historia disciplinar.
-En la línea que expresaba anteriormente, creo que lo que tiene sentido (pero obviamente esto es una cuestión que debe ser discutida en todos los ámbitos de la sociedad) es que la escuela no se convierta en un bastión de resistencia porque eso no tiene mucho futuro, sino que permita comprender el pasado de forma compleja (como de hecho hace la disciplina historiográfica) y establecer puentes reflexivos entre pasado, presente y futuro. Por otro lado, y esto lo afirmo más en mi papel de investigador de los fenómenos de aprendizaje escolar, es preciso que la escuela prepare para el pensamiento crítico y la comprensión profunda de los ámbitos sociales e históricos. En mi libro sostengo, y esta es la tesis fundamental del libro, que la enseñanza de la historia se debate en una contradicción entre los objetivos románticos o identitarios (que son los tradicionales, ligados a las efemérides, etc.) y los ilustrados (que son los ligados al conocimiento profundo y disciplinar y al desarrollo del pensamiento crítico). Creo que los primeros ya están bastantes presentes en la escuela (lo cual no quiere decir que no haya que repensarlos, por ejemplo, impulsando unas efemérides más modernas y actuales); lo que sobre todo hace falta es impulsar los segundos, los ilustrados. Es decir, no creo que haya que sustituir unos héroes por otros (o tratar de recuperar el "verdadero" sentido de determinados héroes; es casi imposible saber cual es lo "verdadero" en la historia), sino más bien hacer ver que la comprensión del pasado es un asunto complejo, donde es preciso entender cuestiones en las que interactúan muchas variables políticas, económicas, sociales, etc., y donde las explicaciones fructíferas no son sólo las del sentido común (la mayoría de las veces al servicio exclusivo de los intereses de las naciones y procedentes de la mera ideología en el sentido criticable de la palabra), sino otras mas contraintuitivas, justamente porque son científicas o académicas.
Efectivamente, para procesar y discutir la crisis actual del mundo, y no sólo de cada nación, es preciso por otro lado que cada sociedad nacional pueda ejercer una cierta autocrítica sobre su pasado, su presente y su futuro. Y esto tiene que ver con el interés actual en todo el mundo por la memoria colectiva, también llamada memoria histórica (en España se acaba de aprobar una Ley de Memoria Histórica). Algunos pensadores han señalado que hay un exceso de memoria en nuestras sociedades. Yo pienso que no, que todo lo contrario, que es preciso recordar mas y mejor. Lo que sucede es que la memoria nos lleva a un ejercicio que supone un ataque a nuestro narcisismo como miembros de una determinada comunidad, cuando tenemos que recordar cuestiones que suponen contraejemplos para nuestras posiciones teóricas sobre el mundo social e histórico. Pondré un ejemplo: desde una perspectiva de izquierda, cuando recordamos los crímenes de los regímenes de derechas (el Holocausto sin duda es paradigmático), deberíamos recordar también los crímenes de las purgas estalinistas, porque aunque la izquierda y la derecha no sean lo mismo, sin duda se cometieron crímenes en nombre de ambas. Sin duda, todo eso es molesto, contradictorio, problemático, pero también necesario para generar una representación de pasado que sea objetivada. Y para que la memoria colectiva o histórica se acerque a la Historia disciplinar.
-En tu análisis del dispositivo romántico nacionalista -dentro de la educación pública en particular- la enseñanza de la historia afirma una pertenencia (psicológica) de los sujetos escolarizados a la comunidad. ¿A qué programa político consideras que responde ese intento de la institución escolar por desarrollar una pertenencia del sujeto a su comunidad?
-En realidad todos, o casi todos los programas políticos, han querido hacer de la infancia (escolar o no) un espacio para formatear voluntades y representaciones.
Cuanto más autoritarios han sido los regímenes políticos (de izquierdas o de derechas), más han usado estos dispositivos. Y es interesante señalar que a veces, como sucede en España, las sociedades tienen reacciones en contra, después de que hayan pasado esos regímenes. Eso explica que en España, después de los 40 años de franquismo, las efemérides hayan desaparecido totalmente y nadie las defienda ni las quiera recuperar. No existen hoy día, no hay siquiera bandera en la escuela, y serían consideradas muy autoritarias. Si bien es verdad que España, por otro lado, es un caso particular porque como señala José Álvarez Junco, historiador español, en el prologo de mi libro, se trata de un país con un nacionalismo débil.
Los dispositivos románticos sin duda han sido intentos con gran rentabilidad, porque como suele decirse "la patria es la infancia" y al revés, y entonces lo que sucede en esos años suele forjar una huella indeleble sobre todo en la emoción de cada alumno (futuro ciudadano) y eso es muy potente en el comportamiento de la persona a lo largo de toda su vida. Lo que pasa es que dichos formatos, que por otro lado están llenos de militarismo, necesitan ser repensados porque además, como muestro en las entrevistas de mi libro a alumnos, sólo perpetúan en los alumnos una visión romántica y mítica del pasado. Sobre todo porque en su momento (finales de del XIX y principios del XX) eran rituales necesarios para construir la nación, sobre todo si tenía muchísimos inmigrantes de orígenes muy diversos como Argentina, y correspondían a categorías de la época. Hoy día, con una sociedad de la información, con un mundo digitalizado y globalizado (más allá de lo que nos parezca la globalización a cada uno), ¿tienen sentido estos rituales de educación histórico-patriótica? En esto tienen mucho que decir los Ministerios d Educación, que sin duda podrían comenzar a repensar estas cuestiones. Por cierto, los bicentenarios que se acercan en muchas de las naciones latinoamericanas serian un buen momento para resignificar estas cuestiones. En mi opinión habría que dirigirlas mas hacia la construcción de una ciudadanía y de una comprensión por parte de los chicos de los derechos y deberes de cada uno de los miembros particulares y sociales de una nación.
-En realidad todos, o casi todos los programas políticos, han querido hacer de la infancia (escolar o no) un espacio para formatear voluntades y representaciones.
Cuanto más autoritarios han sido los regímenes políticos (de izquierdas o de derechas), más han usado estos dispositivos. Y es interesante señalar que a veces, como sucede en España, las sociedades tienen reacciones en contra, después de que hayan pasado esos regímenes. Eso explica que en España, después de los 40 años de franquismo, las efemérides hayan desaparecido totalmente y nadie las defienda ni las quiera recuperar. No existen hoy día, no hay siquiera bandera en la escuela, y serían consideradas muy autoritarias. Si bien es verdad que España, por otro lado, es un caso particular porque como señala José Álvarez Junco, historiador español, en el prologo de mi libro, se trata de un país con un nacionalismo débil.
Los dispositivos románticos sin duda han sido intentos con gran rentabilidad, porque como suele decirse "la patria es la infancia" y al revés, y entonces lo que sucede en esos años suele forjar una huella indeleble sobre todo en la emoción de cada alumno (futuro ciudadano) y eso es muy potente en el comportamiento de la persona a lo largo de toda su vida. Lo que pasa es que dichos formatos, que por otro lado están llenos de militarismo, necesitan ser repensados porque además, como muestro en las entrevistas de mi libro a alumnos, sólo perpetúan en los alumnos una visión romántica y mítica del pasado. Sobre todo porque en su momento (finales de del XIX y principios del XX) eran rituales necesarios para construir la nación, sobre todo si tenía muchísimos inmigrantes de orígenes muy diversos como Argentina, y correspondían a categorías de la época. Hoy día, con una sociedad de la información, con un mundo digitalizado y globalizado (más allá de lo que nos parezca la globalización a cada uno), ¿tienen sentido estos rituales de educación histórico-patriótica? En esto tienen mucho que decir los Ministerios d Educación, que sin duda podrían comenzar a repensar estas cuestiones. Por cierto, los bicentenarios que se acercan en muchas de las naciones latinoamericanas serian un buen momento para resignificar estas cuestiones. En mi opinión habría que dirigirlas mas hacia la construcción de una ciudadanía y de una comprensión por parte de los chicos de los derechos y deberes de cada uno de los miembros particulares y sociales de una nación.
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